Sí, habéis leído bien, según estudios del Observatorio de la Accesibilidad Universal en la Vivienda en España, sólo el 2% de estas cumplen con los criterios establecidos para ser casas accesibles.

Esto demuestra cómo de consciente es la sociedad ante los más de 2 millones de discapacitados españoles entre los que se encuentran los de movilidad reducida, que representan el 20% de los hogares españoles, es decir, en una de cada cinco casas reside una persona con estas características.

Cuando nos referimos a la inaccesibilidad en los hogares nos referimos a aquellos construidos hace al menos 25 años, no adecuados a la normativa, por lo que encontrar una casa que se adecue a las condiciones deseadas puede ser una odisea. Sin embargo,  hoy día es raro que se construya una vivienda sin cumplimentar estas características.

Por lo general, una edificación no se acondiciona hasta que un vecino, o alguien del propio hogar necesite unas condiciones específicas para acceder. Hasta que nosotros mismos o nuestro padre/madre necesitan un ascensor o salva escalera, esta vivienda no se adapta para ello.

Estamos acostumbrados a vivir sobre la marcha, sin prever ni ponernos en la piel de personas que puedan necesitar estos accesos.

Destacamos entre las zonas con deficiencias el ascensor, los garajes y las zonas de aparcamiento, así como las zonas comunes, siendo la propia vivienda el espacio más accesible de todos los elementos analizados. Detectamos que sólo el 15% de las viviendas presentan un ascensor de cómodo acceso y de dimensiones interiores adecuadas. Sólo el 18% de los garajes y zonas de aparcamiento presentan unas condiciones adecuadas para todos y menos de la mitad de las casas en las que se dispone de zonas de uso común, los recorridos son accesibles.

Para que una vivienda y/o edificación tenga unas condiciones adecuadas para todos, estas deben de tener unas puertas de acceso anchas, como para que una silla de ruedas pueda entrar sin dificultades. Los pasillos y puntos de giro deben ser anchos y fácilmente maniobrables para una silla de ruedas. En cuanto a los suelos, estos deben de ser antideslizantes y sin irregularidades u obstáculos y la altura de los objetos más utilizados deben de ser accesibles desde una silla de ruedas como mínimo. Por último, otro punto a tener en cuenta es la ducha, que debe contar con barras de apoyo y sujeción, además de tener un asiento o banco en su interior.

 

 

Cómo conclusión, decir que en general las viviendas que se construyen no responden a las necesidades de accesibilidad de las personas. Se mantiene la idea de que lograr viviendas accesibles es muy costoso, que hacerlas “para todos” supone  incrementar el precio final y esta concepción no beneficia a nadie, y dificulta mucho el día a día de muchos que deben tener los mismos derechos y facilidades que el resto, sin distinción.

¿Cómo solucionar esta situación?

Debemos ser más conscientes de estos déficits tanto en la vía pública como en los hogares o edificaciones y demandar el cumplimiento de la normativa en todos los espacios para que haya una mayor participación social y cooperación interorganizacional.